LISBOA_CUADERNO DE VIAJE DE UNA ARQUITECTA CON NIÑOS

Cuando visitas Lisboa comprendes que los planos no sirven para nada en esta ciudad. Tantos días buscando sitios, edificios y lugares para ir con niños, no valen para nada, ya que no han sabido apreciar las suaves colinas que llenan la capital de Portugal. Pero este pequeño contratiempo se resuelve subiendo al transporte público: autobuses, tranvías, trenes, metro y elevadores son la mejor atracción para los pequeños.

20150710_204452Nos alojábamos en el barrio “Baixa”, una zona de la ciudad planificada por el Marqués de Pombal tras el terremoto de 1755, entre la plaza de Rossio, el río Tajo y las colinas de Alfama y del barrio Chiado. Se caracteriza porque todos los edificios se ajustan a unas normas de construcción a partir de la repetición de un ancho de crujía y de hueco y unos materiales para las estructuras que le confieren un aspecto similar. Lo que cambia entre un edificio y otro es el color de sus fachadas o el dibujo de sus cientos de azulejos. La planta baja se reserva al uso comercial y las otras 4 plantas más la buhardilla se destinan a uso residencial.

20150710_074503Pasear por estas calles ya es fascinante, muchas de ellas son peatonales y el bullicio de turistas es habitual en las horas centrales del día. Este barrio se está transformando poco a poco, mediante la rehabilitación de sus edificios, adaptándose a los nuevos usos, pero conservando sus elementos esenciales.

Lo primero que se nos antoja es visitar el tradicional barrio de Alfama, un decorado para artistas y un deleite para el objetivo de nuestros móviles. El Castillo de San Jorge ofrece maravillosas vistas de la ciudad, igual que sus miradores. El tranvía 28 te deja en lo más alto del barrio y, después, tras tomar algo en alguno de sus locales tradicionales, ya puedes recorrerlo bajando y bajando.

20150705_192254Al día siguiente toca playa. Empezamos por Estoril, junto a Cascais, a la que se llega cómodamente en tren. Pequeñas playas separadas por palacios, formadas por arenas finas con cálidos atardeceres nos dan cobijo entre la multitud de jóvenes que las disfrutan. 20150706_192544Sintra es visita obligada. El Palacio da Pena o El Castelo dos Mouros destacan por el bosque en el que se insertan. Tanto fascina la arquitectura caprichosa como el enclave en la montaña rocosa en la que se encuentran. La naturaleza y la altura que se alcanza en sus torres, en las que parece que estás demasiado cerca del viento, llegan a sobrecogernos.

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A pocos kilómetros se encuentra la playa d’Adraga, con su famoso restaurante. Las rocas escarpadas enmarcan este trocito de océano para crear una postal fría en la que sólo apetece escuchar el rugir de las olas y contemplar el lugar.

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El próximo día, los protagonistas son niños. El Oceanario más grande de Europa nos espera en el Parque das Nações. Los tiburones, el pez manta, los pingüinos y peces payaso dejan embobados a los peques, que no paran de mirarlos y fotografiarlos. 

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Nos sorprende la gran cubierta del edificio del Pabellón de Lisboa de Álvaro Siza, el Pabellón del Conocimiento y el teleférico.

Aún nos queda otro día para los edificios. Aunque sea típico visitar la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos, es un reclamo arquitectónico que no se puede obviar.

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La Torre de Belém parece flotar en medio de las aguas. El estilo manuelino del Monasterio de los Jerónimos, nos recuerda la arquitectura plateresca de España.

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Nos despedimos de las maravillosas playas de Lisboa conociendo las de Caparica. Un gran extensión de arena blanca, aguas heladas y los surferos que aprovechan el viento, caracterizan este lugar. Los niños disfrutan muchísimo aquí con las olas.

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A nuestro encuentro salen el Mercado da Ribeira, Museo Arqueológico do Carmo, el Elevador de Santa Justa, el Museo del Diseño y de la Moda… Comprar revistas de arquitectura mientras suena fado desde un coche de época, cenar en alguna de los restaurantes del Barrio Alto  o entrar a alguna de sus Iglesias, resulta un placer para estos días de vacaciones en familia. Y también, por qué no, pensar en rehabilitar alguno de los edificios como los de Baixa, para cuando terminen las vacaciones.

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Publicado por

Pepa Jiménez Lucena

Arquitecta. Vocación: El Patrimonio

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